Flores en la carretera

Flores en la carretera

De un tiempo a esta parte,  cada vez con más asiduidad, proliferan, que no crecen, flores en el asfalto. Se pueden ver a veces frescas, otras ya marchitas, y, cuando pasa un tiempo prudencial, se sustituyen por unas de plástico. Tozudamente, alguien desea recordar que allí, en aquel punto, alguien allegado perdió la vida.

Soy representante y viajo continuamente por las carreteras de media España. Por eso, cada vez que veo flores en cualquier curva, me molesta profundamente, es algo visceral que no acierto a comprender. Será porque me obliga a levantar el pie del acelerador y me invita a pensar en quién sería la persona que se empotró contra la valla. Cuando reflexiono, pienso que no está mal, que esta práctica funciona mejor que cualquier campaña de prevención de la DGT. A lo mejor son ellos los que las colocan como medio disuasorio. Pero no, sabes que las muertes son ciertas, que allí se produjeron un día o una noche cualquiera y pienso en milésimas de segundo si habrá sido un intrépido joven en una moto, un abuelo inseguro, una mujer distraída, alguien con una copa de más. Almas que quizás vaguen sin saber que han muerto debido a la fulminante rapidez del impacto.

Yo viajo mucho, ya lo he dicho antes, y aunque visito a muchos clientes, el vacío se apodera de mí al caer la noche y verme obligado a dormir en cualquier hostal de carretera. Es un vacío de nada, de abismo, de oscuridad.

Ni siquiera sé si me importa, ni siquiera sé si echo en falta a mi mujer a la que ni recuerdo cuánto hace que no veo. En esas noches largas de pasar, es cuando busco compañía femenina. No hay nada más sórdido que un polvo en una habitación de carretera, amores irreales, pocas palabras, pocas confesiones, pocos preámbulos. Una vez acabo, solo deseo aprovechar el sopor para entregarme al sueño. La única entrega que no me asusta. Me da igual si la mujer se queda o se va siempre que no me moleste.

Y vuelta a la carretera y esa continua niebla… Visitas con palabras huecas, cada uno en su papel, yo intentando vender, el otro resistiéndose a comprar. Una copa, una concesión siempre menor de la que esperaba…, he de dejar este trabajo, me mata.

Hoy he pasado por una carretera conocida, tan conocida que a veces uno baja la guardia en la conducción. Dicen que, estadísticamente, cuanto más conduces por el mismo lugar más posibilidades hay de tener un accidente, pero eso es una grandísima tontería. De nuevo flores, justo en un punto donde ya las he visto otras veces, hoy me apetece bajar del coche y acercarme a mirar, será porque me suena el lugar, creo, sí, creo que hace un tiempo tuve un pequeño accidente en esa misma curva, pero ella sigue allí, con una señal de velocidad mínima que nadie obedece. Leo «A mi querido esposo, siempre te recordaré». Sí, aquí mismo fue, tuve más suerte que ese infeliz, yo, después de aquello… después de aquello… no consigo recordar qué pasó después de aquello.

Rosana Román

Relato del libro Archipiélago 2010

La Karcoma

Ediciones Oblicuas

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3 comentarios en «Flores en la carretera»

  1. Hola, todavía me acuerdo de un accidente en carretera, de un chaval que sobrevivió pero con tan mala suerte que la señal con la que se estampo, se dobló y le golpeo en la cabeza, su novia de entonces le estuvo llevando flores hasta que conoció a otro, así es la vida, aunque no niego que siempre estará en su corazón, que de historias hay detrás de esas flores verdad? un saludo

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